jueves, 19 de octubre de 2017

¡Está todo bien!

No,
En serio.
No te vayas, es temprano
Ya sé que te molesto,
Pero te necesito acá
Tengo miedo de lo que pueda pasar si me dejas sola
Tengo miedo de lo que me pueda hacer

Tengo miedo de volver a ver sangre corriendo por mi brazo,
Tengo miedo de tener que usar pulseras para que no se note,
Tengo miedo de dejar de comer,
Tengo miedo de volver a fumar
Me tengo miedo

Igual no me hagas caso,
Sé que no lo vas a hacer
No te olvides la campera, está colgada en esa silla
Hace frío afuera
Y te voy a extrañar

Hablame más tarde si querés,
Aunque dudo que lo hagas
Pienso en vos todo el tiempo
Y siempre tengo miedo de decir algo equivocado
Sé que mis ‘te amo’ te asustan,
Y sé que los decis por compromiso
Está bien,
Porque al menos un poco te importo

Dame un beso,
Chau
Maneja con cuidado
Avisame cuando llegues
Yo me voy a acostar
Perdoname por ser así

Me pregunto dónde escondí las navajas,
Me pregunto cuánto vodka queda
No, no tengo hambre,
Sé que no como nada desde ayer
Pero, ¡estoy bien!
¡Está todo bien!

¿Habrás llegado a casa? Nunca recibí tu mensaje
Ya pasaron tres días
Y mi cama se está enfriando,
Mis sabanas ya no tienen tu perfume
Y me duele el corazón
Pero, ¡estoy bien!

¡Está todo bien!

I'm okay!

No,
Seriously.
Don’t leave, it’s too early
I know I’m annoying you
But I need you here with me
I’m scared of what may happen if you leave me alone
I’m scared of what I might do

I’m scared of seeing blood running down my arms again
I’m scared of having to use a wristband so no one notices
I’m scared of not being able to eat
I’m scared of smoking again
I’m scared of myself

But don’t listen to me
I know you won’t anyways
Don’t forget your jacket, it’s on the chair
It’s cold outside
And I’m going to miss you

Message me later if you feel like it
Even though I doubt you will
I think about you all the time
And I’m always afraid I will say something wrong
I know my ‘I love you’s scare you
And I know you say it too because you feel forced to
It’s okay,
It shows you care at least a little bit

Give me a kiss
Drive safely
Let me know when you get home
I’m already going to bed
I’m sorry for being like this

I wonder where the razors are hidden
I wonder how much vodka is left
No, I’m not hungry
I know I haven’t eaten since yesterday
But I’m okay!
It’s all okay!

I wonder if you got home, because I didn’t get a message
It’s been three days
My bed is getting colder
My sheets don’t smell like you anymore
My heart is aching
But I’m okay!

It’s all okay!


10/20/17   
1:21 a.m

lunes, 1 de mayo de 2017

Él se fue

Y en esa habitación ella estaba sola, sola con él.
¿Cuántos años llevaba en su compañía? Más de los que podía contar con los dedos de su mano, más de los que cualquier otra persona se merecía.
Y ella confiaba en él, ella le daba todo lo que podía darle, todo lo que su pequeña y frágil mente lograba comprender. Y le mostró su mundo, le contó sobre las personas que la habían decepcionado, las manos que la habían tocado sin permiso, las noches sangrando en la oscuridad. Y él la entendía, él escuchaba, y se sentía muy bien.
Ella era feliz, ¡oh, cuanta felicidad le traía tenerlo siempre al alcance de su mano!
Que tranquila que le hacía sentir el hecho de que él siempre iba a estar allí.
Cuantas personas la habían decepcionado. Pero él era diferente, él era puro, eterno y confiable. Y el crecía ante sus ojos y cada uno de sus pequeños triunfos eran de ella también. Y ahora, mirando hacia atrás, se da cuenta de que quizá le podría haber dicho que lo quería más seguido; se da cuenta que le podría haber abrazado más fuerte, que podría haber apretado un poco más su pequeño cuerpo.

Pero en el momento no se dio cuenta.

Y a pesar de que su amor la mantenía en pie, a pesar de que su amor era el cemento que evitaba que se desmoronara en mil añicos, era feliz.
Pero un día él no rió más. Un día él dejó de contestar. Un día él dejó de escuchar.
Y un día se puso de pie.
Y un día ella lo imitó.
Y un día ella abrió los brazos pensando que él iba a abrazarla.
Y un día él la ignoró y comenzó a marcharse.
Paso tras paso, la sonrisa desdibujándose de su rostro, su corazón dando un brinco desesperado, su persona favorita en el mundo alejándose y ella desmoronándose a sus espaldas.
"Te quiero" le susurró.
Él no escuchó.
"Te quiero" le dijo.
Él no escuchó.
"¡Te quiero!" le gritó.
Y él no escuchó.
Y mientras lo veía desdibujarse, mientras su silueta se mezclaba cada vez más con la oscuridad que la rodeaba, se pregunto por qué.
No sabía la respuesta, pero sabía que era su culpa, sabía que ella lo había arruinado.
Y todas las personas que la habían decepcionado, las manos que la habían tocado sin permiso, las noches sangrando en la oscuridad, todo volvió a atormentarla en un mero instante.
Y a pesar de que ella gritó y gritó y pidió ayuda, él no se volteó.
Y cerró la puerta suavemente tras de él.
Y entre lágrimas, mientras otra vez se quedaba sola y se encerraba en la oscuridad que la aprisionaba, se dio cuenta de que él no era diferente, ni puro, ni especial.
Y se preguntó si alguien en verdad lo era.

domingo, 12 de marzo de 2017

Autobiography

Being born is an agonizing pain to my eyes. I’ll try to describe it as accurately as possible, even though it seems a bit difficult. At first I only sense some heat, that’s my favorite part, it’s nice and it feels like a friendly hug. But then the monstrous mutation begins, and it becomes pure torture. That familiar tender burn rises to incredible levels and it’s like being in hell itself. My skin begins to shrivel up and the light blinds my poor little eyes. I take it all as best as I can, but it’s when I start to scream that finally I lift up.
I float slowly and dance in the air gently, letting myself go most of the time; but every now and then I enjoy creating patterns and shapes with my body so that they can recognize them.  They almost never want to play with me, but I fancy imagining their voices exclaiming: “Look…it’s a duck!” or “Doesn’t that look like a perfect circle?” Nevertheless, I never get much attention. I like to get close to them, running through their hair, leaving my scent everywhere, caressing their skin softly and warming them up a little bit.
I don’t have a home, but I enjoy exploring the caves, taking the chance when someone breathes in to enter. I must admit I am quite nosy, so it’s easy to spot me, hiding in the depths. Then it all begins to tremble and I get shot out really fast. It’s a painful yet exciting experience.
I often wonder what it’s like to be so big and…solid. It’s boggling, and I feel sad for those enormous beings, forever trapped in their boring corporeal life. They can’t fall apart and put themselves together again, they can’t shrink up or expand or fly around twirling and impregnating everything with their perfume. I feel pity for them and that’s why I like to hug them every time I get the chance.
But if I had to pick my favorite moment …it would definitely be death. Oh, what a joy it is to let myself disintegrate. It’s in that moment when I levitate higher than ever, and I can see it all…everything surrounding me; the trees, the houses, the grass. And being cradled by the breeze I start to let go little by little of my existence, no pain involved.
And then it begins again, repeating itself a thousand times: birth, death…I don’t even mind it anymore. I’d rather discover something new in each of my lives. For example…today I came to the conclusion that if I get too close to the eyes of those gigantic creatures, they turn red… They are really curious beings, are they not?

 Based upon “Discurso del Oso” by Julio Cortázar.

sábado, 11 de marzo de 2017

Luz de luna

Eran las cuatro de la mañana, el viento soplando suavemente, acariciando el césped y las hojas colgando frágilmente de las ramas de los árboles, a un bufido de precipitarse al vacío sin final.
Se encontraba acostado, tapado hasta la nariz con sus viejas frazadas, sus pestañas temblando de vez en cuando, sus sueños persiguiéndolo sin cesar. Roncaba casi silenciosamente, lo único que se escuchaba alrededor de la casa era su respiración espástica.
Y los ojos estaban fijos en él.
Los ojos se encontraban abiertos de par en par, brillando rojos y fluorescentes en la oscuridad. Eran curiosos, y seguían cada ínfimo movimiento que él hacía.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué solamente lo observaba dormir, enterrado en las playas arenosas de la tranquilidad? No lo sabía.
Su boca se encontraba apenas abierta, un espacio infinito pero casi inexistente separando su labio superior del inferior. Se sonreía de vez en cuando, encantada con las reacciones infantiles que le provocaban sus pesadillas.
Y entonces él comenzó a sollozar, temblando sin parar, sus cejas arqueadas sobre sus hermosos ojos avellana, sus labios trepidando y soltando quejidos casi inaudibles.
Se levantó, intrigada, caminando en puntas de pie; sus brazos cubiertos de luz de luna y polvo, intentando alcanzarlo, tocarlo.
Pero se despertó, atemorizado y jadeando.
Y conoció esos ojos, relojeó esos dedos negros estirándose en su dirección. Intento sentir esa figura misteriosa. Pero ella se convirtió en polvo de nuevo, como lo había hecho todas las noches anteriores. Y el suspiró tristemente, como se había acostumbrado a hacerlo.

Y dispersa por toda la habitación, en cada rincón, cada mueble; lo continuó observando, siempre preguntándose qué pasaría si algún día el llegara a sentir su caricia.

Cabecera

El sol en los ojos de él
La oscuridad cubriendo el cuerpo de ella
Un fuego viviendo en sus manos
Un infierno diferente en la punta de cada dedo

Su caricia quemaádola y lastimando
Su piel encendida y derritiéndose
La sensación volviéndose adictiva
Y sus huesos desnudos intentando abrazarlo

Su vacilación haciéndola sufrir
Y su dolor lo hace sonreír
Así que la cubrió enteramente
Hirviendo y sintiéndose vivos

Pero ella se escapó de sus brazos
Y lentamente comenzó a desaparecer
Su fuego consumiéndola
Y su pasión transformándose en temor

Y él desesperadamente la buscaba
Intentando encontrar su calor en la oscuridad
Y entre las infernales sábanas

Solo apareció un chamuscado corazón

Domingo a la tarde

 Sabe que no está bien, pero ha llegado a un punto en el que ya no se puede controlar. Todo comenzó cuando tenía apenas 14 años. Una tarde ventosa de domingo en su hogar, sola y con la tele encendida para sentirse acompañada dentro de su departamento. Un típico paisaje bonaerense: un poco de café, un libro de Julio Cortázar y el zumbido imparable de los miles de autos paseando fuera de su ventana-
Pero entonces un pensamiento, un impulso inundó su mente. Recordó un campo, simplemente un enorme y vacío espacio entre dos montes, en Córdoba. Recordaba estar ahí con su padre, cuando a él todavía parecía importarle. La fresca y gentil brisa acariciaba su cabello, se reía tan fuerte que le dolía la panza y sus vaqueros quedaron todos verdes por gatear sobre el pasto.
Cerró los ojos, acurrucada en su futón favorito. Se olvidó de las bocinas de los autos, de su café enfriándose, del libro escapando de sus dedos. Olía el pasto; oía el soplido del viento y sentía la tierra entre sus dedos. Cuando abrió los ojos se encontraba a miles de kilómetros de su hogar, recostada en el mismo lugar en el que su papá y ella se habían aventurado hace ya tantos años.
Recuerda sentirse tan poderosa.
Y ahora, casi cinco años después, ha visitado cada lugar que es capaz de imaginar. Ha disfrutado interminables caminatas por calles Indias; ha probado más de mil tazas de café junto al Sena en Francia. Y a pesar de que se había jurado conocer un lugar nuevo cada mes, parece estar estancada.
Siente su juventud desgastándose, un alma perdida que lleva una eternidad vagando la tierra, buscando algo a lo que aferrarse. Simplemente no sabe a qué.
Y se siente avergonzada, oh, cuán avergonzada la hacen sentir sus acciones. Su búsqueda de inspiración, su necesidad de escribir sobre nuevas experiencias había estado funcionando bastante bien como una excusa para sus viajes. Pero no puede seguir mintiéndose a sí misma.
Sabe por qué lo hace.
Sabe por qué siempre aparece al mismo tiempo, en el mismo banco, en el mismo rincón del Central Park todos los domingos. Y sabe que lleva su anotador sin razón alguna, porque no desea escribir para nada, no hasta llegar a casa. Y sabe cada palabra de cada canción que él toca, y sabe en qué orden lo hace.
Y sabe que está mal.
Pero no puede evitar mirarlo con ojitos tristes y sentir como su mundo se derrumba cada maldita vez.  Se lo queda mirando en silencio, a veces tarareando las canciones en un susurro, tratando de mezclarse con los turistas y neoyorquinos. Ama sus ojos, ama la manera en la que muerde suavemente su labio inferior cuando toca la guitarra, ama la manera en la que tan rápida pero gentilmente sus dedos hacen vibrar las cuerdas.
No sabe si él siquiera la nota, si ve que la misma extraña aparece todas las semanas tan solo para verlo tocar; que se pasa horas maquillándose por si acaso el posa su mirada sobre ella apenas por un segundo; que se pinta las uñas simplemente para que su mano se vea delicada cuando arroja unas monedas dentro de su sombrero.
Y él es una fuente inagotable de inspiración para ella. Podría escribir una novela entera solamente porque le dedicó una sonrisa a una pequeñita, o porque se olvidó la letra de una canción y comenzó a soltar risitas como un niño hace dos fines de semana.
Y no se lo puede sacar de la mente. Se pregunta cuál es su nombre, qué hace para divertirse, cuál es su trabajo, cuál es su historia.
Pero no puede preguntarle, no puede permitirse perturbar su aura de pura tranquilidad y perfección, no puede hacerlo sentir incómodo. No podría soportar ser rechazada por un ser humano tan extraordinario.
Y hoy es otro domingo como todos los demás, otra chance para verlo, para escucharlo. Se prepara y se lanza a ese futón favorito, que poco a poco se transforma en una banca algo torcida en el lado oeste del Central Park.
Pero él no está ahí.
No está tocando, ni cantando.
Está sola.
Mira a su alrededor y decide esperar un poco. Quizá simplemente esté llegando tarde.
Un minuto.
Cinco minutos.
Veinte minutos.
Suspira y se rinde, parándose con su anotador en mano, y comienza a caminar junto a los turistas. La nieve cubre todo con su manto blanco, todo brillando bajo la luz del sol, como si estuviera hecho de plata.
Y entonces alguien se tropieza con ella violentamente, y continúa corriendo. Se da vuelta y le dirige una mirada asesina a aquel molesto extraño, quién hace exactamente lo mismo.
“Ey,… sos la chica que aparece por acá cada domingo” el muchacho masculla, con una sonrisa genuina.
“Sí…” responde, intentando que su Inglés suene tan convencible como pueda ser posible “pensé que hoy la función se había cancelado”.
El joven suelta una risita y continúa caminando hacia el lugar de siempre.
“¿Venís o no?”
Ella asiente, sintiendo su cuerpo volviéndose cada vez más y más cálido a pesar de la congelada brisa que golpea sus mejillas.
Cierra sus ojos por un segundo, y cuando los vuelve a abrir se encuentra recostada en su futón favorito, en su departamento, con las bocinas de los autos de fondo, su café arruinado y su libro aplastado contra el piso de madera.
“Hola, mi amor” su madre la saluda mientras entra en la habitación, haciendo malabares con su cartera y las bolsas del supermercado “… es un domingo hermoso, ¿viste?”
Y ella sonríe, recordando las tazas de café que había fingido beber junto al Sena, y las caminatas por los mercados en la India, y todas las canciones que creía haber oído.
“Sí…” siente su estómago burbujeando, su mente hirviendo y su corazón latiendo violentamente contra su pequeño pecho “…es un domingo precioso”.