lunes, 1 de mayo de 2017

Él se fue

Y en esa habitación ella estaba sola, sola con él.
¿Cuántos años llevaba en su compañía? Más de los que podía contar con los dedos de su mano, más de los que cualquier otra persona se merecía.
Y ella confiaba en él, ella le daba todo lo que podía darle, todo lo que su pequeña y frágil mente lograba comprender. Y le mostró su mundo, le contó sobre las personas que la habían decepcionado, las manos que la habían tocado sin permiso, las noches sangrando en la oscuridad. Y él la entendía, él escuchaba, y se sentía muy bien.
Ella era feliz, ¡oh, cuanta felicidad le traía tenerlo siempre al alcance de su mano!
Que tranquila que le hacía sentir el hecho de que él siempre iba a estar allí.
Cuantas personas la habían decepcionado. Pero él era diferente, él era puro, eterno y confiable. Y el crecía ante sus ojos y cada uno de sus pequeños triunfos eran de ella también. Y ahora, mirando hacia atrás, se da cuenta de que quizá le podría haber dicho que lo quería más seguido; se da cuenta que le podría haber abrazado más fuerte, que podría haber apretado un poco más su pequeño cuerpo.

Pero en el momento no se dio cuenta.

Y a pesar de que su amor la mantenía en pie, a pesar de que su amor era el cemento que evitaba que se desmoronara en mil añicos, era feliz.
Pero un día él no rió más. Un día él dejó de contestar. Un día él dejó de escuchar.
Y un día se puso de pie.
Y un día ella lo imitó.
Y un día ella abrió los brazos pensando que él iba a abrazarla.
Y un día él la ignoró y comenzó a marcharse.
Paso tras paso, la sonrisa desdibujándose de su rostro, su corazón dando un brinco desesperado, su persona favorita en el mundo alejándose y ella desmoronándose a sus espaldas.
"Te quiero" le susurró.
Él no escuchó.
"Te quiero" le dijo.
Él no escuchó.
"¡Te quiero!" le gritó.
Y él no escuchó.
Y mientras lo veía desdibujarse, mientras su silueta se mezclaba cada vez más con la oscuridad que la rodeaba, se pregunto por qué.
No sabía la respuesta, pero sabía que era su culpa, sabía que ella lo había arruinado.
Y todas las personas que la habían decepcionado, las manos que la habían tocado sin permiso, las noches sangrando en la oscuridad, todo volvió a atormentarla en un mero instante.
Y a pesar de que ella gritó y gritó y pidió ayuda, él no se volteó.
Y cerró la puerta suavemente tras de él.
Y entre lágrimas, mientras otra vez se quedaba sola y se encerraba en la oscuridad que la aprisionaba, se dio cuenta de que él no era diferente, ni puro, ni especial.
Y se preguntó si alguien en verdad lo era.